lunes, 16 de octubre de 2017

"¡MI RUEGO Y JURAMENTO!"




“¡MI RUEGO Y JURAMENTO!”

“RUEGO, A QUIEN LO CREA, ESCRIBA (no pulsar Me gusta, sino escribirlo) ESTE TEXTO O PARECIDO, EN DEMOSTRACIÓN DE HONOR, HONESTIDAD, AMOR, VALOR Y LEALTAD A ESPAÑA Y A LOS ESPAÑOLES”. “GRACIAS”.


Para que conste donde sea necesario y sin fanatismos:

“¡Juro por mi honor y honestidad mi lealtad a España, a Su Majestad el Rey Don Felipe VI, y a mis compatriotas los españoles!”.
Por ello firmo la presente en Las Palmas de Gran Canaria, España, a 15 de octubre de 2017.

Firmado
Luis Cristóbal García-Correa y Gómez

DNI42428761V.

¡POR QUÉ Y PARA QUÉ LUCHAR!




¡POR QUÉ Y PARA QUÉ LUCHAR! 


¿Por qué luchar? ¿Para qué luchar?

Hay muchas respuestas. En la elección adecuada se encuentra el secreto de una existencia plena.

¿Cómo saber el por qué y el para qué luchar?

Aquí juegan un papel determinante los valores con los que nos educaron y aceptamos.

¿Por qué luchar? Yo no tengo la menor duda: por ayudar y amar.

¡Mi experiencia - ya larga en el tiempo - me confirma que luchar por el bien de los demás es caminar por el sendero de la felicidad y de la santidad y aumenta la libertad!

No hay que buscar fuera de uno las razones por las qué luchar: están dentro de nosotros y las debemos manifestar.

Obviamente - y es una perogrullada - para manifestar el por qué y el para qué de nuestra lucha es necesario que tengamos las respuestas.

¿Por qué y para qué luchar? ¿Lo sabe ya?

¡No tarde en buscar el por qué y él para qué luchar! Si no lo sabe, trate de buscarlos para no perder el tiempo: el regalo más valioso que hemos recibido.

Un gran medio es compartir felicidad, porque, al compartir, ya se está en el camino de la santidad, que es la máxima felicidad a la que debemos aspirar.

El compartir la felicidad por los valores es otra forma segura de santidad.

No lo dude, vaya en pos de la santidad y alcanzará todo lo que necesita para la felicidad, y al compartirla su libertad será mayor, y así sabrá por qué y para qué luchar.

¡Por qué  y para qué luchar! Por la santidad.

Con la santidad se sabe por qué y para qué luchar

Entendiendo por santidad el bien propio y el de los demás.

¡Por qué y para qué luchar! Por la santidad ayudar a los demás.

viernes, 13 de octubre de 2017

“¡EL DIÁLOGO. DIALOGAR!” (SECESIONISMO) .




 “¡EL DIÁLOGO. DIALOGAR!” (SECESIONISMO) 


“¡Dialogar es escuchar, oír y respetar con honestidad!”

“¡Quien dialoga con honestidad tiene todas las de ganar!”

Dialogar con honestidad, por parte de todos los interlocutores implicados, es el medio de llegar a conclusiones que pueden ser la solución de un problema.

“¡La honestidad es el cimiento para fundamentar la verdad!”

·¡Quien quiere imponer su idea, por muy buena que sea, tiene todas las de perder!”

“¡Imponer es lo opuesto a dialogar!”

Dialogar debería ser la forma normal de dilucidar las diferencias que pueden ser resueltas cuando hay buena voluntad y honestidad.

“¡El diálogo es fructífero y efectivo cuando las partes actúan con honestidad!”

“¡Hay cosas que no son dialogables, como reclamar la independencia de forma unilateral!”

¿Cómo se puede dialogar con quien solo quiere imponer su voluntad?

Para dialogar no basta la buena voluntad, se necesita que todos los actos del proceso y las partes implicadas estén presididos y dirigidos por la honestidad y la lealtad.

“¡Benditos y alabados sean los honestos y leales que dialogan con la verdad, fundamentando su verdad en la realidad!”

La realidad es indiscutible.

La realidad no se puede cambiar.

La realidad se puede mejorar, pero nunca variar o cambiar a voluntad.

“¡Benditos y alabados sean quienes quieren dialogar con honestidad y lealtad. De ello surge la verdad, y la solución al problema que se quiere resolver, si la otra parte actúa con la misma disposición!”

El diálogo es una necesidad, que hay que utilizar para transformar los errores en oportunidades de mejora.

Todos cometemos errores. Si somos honestos y leales tendremos la inteligencia de reconocerlos y de pedir perdón por el daño causado. Así se solucionan los problemas.

El interlocutor es capaz de dialogar cuando es honesto: cuando no tiene miedo a encontrarse con la realidad. Con la verdad, en definitiva.

Benditos y alabados sean las personas honestas y leales que escuchan, atienden y tratan de entender a quien quiere dialogar con ellas con honestidad y lealtad, para encontrar la verdad.

Dialogar es una habilidad que hay que desarrollar en la educación de los hijos. Obviamente, cuando tienen edad para entender y comprender cuál es la auténtica realidad de la verdad.

“¡Quien se obstina en mantener su criterio está fuera de la realidad!” Por lo tanto no tiene argumentos que fundamenten lo que quiere defender. Y nunca podrá alcanzar su meta.

El diálogo nunca es unilateral. Eso se llama monólogo. Solo hay diálogo cuando los interlocutores, en plural, quieren llegar a una solución.

Benditos sean los conversadores honestos y leales, que quieren comprender y entender a quien tiene opiniones diferentes a las suyas, para llegar a la verdad.

“¡Dialogar por y para imponer no es dialogar¡”

“¡Benditos los santos que dialogan con la verdad. De ellos es la solución y el dominio de la verdad, y, por tanto de la solución al diálogo con honestidad y lealtad!”

“¡Dialogar con honestidad y lealtad es la forma, modo y manera de solucionar las diferencias!”

“¡¡¡Benditos y alabados sean quienes quieren dialogar y dialogan con honestidad y lealtad!!!”

“¡Quien se funda en la realidad, tiene todas ganadas, porque la realidad es única e imposible de cambiar!”






miércoles, 11 de octubre de 2017

“FALTAR AL RESPETO”.




  “FALTAR AL RESPETO


Faltar al respeto es una de las acciones comunes en las personas que no tienen en consideración a los demás.
Faltar al respeto es muy fácil, en especial si no se tiene delante al ofendido. Es el caso del cobarde, que no suele ser capaz de enfrentarse al que le falta al respeto.
El valor de todos los seres humanos es incalculable, tanto el del cobarde como el del que falta al respeto. Todos, sin excepción, somos valiosos. Somos únicos e irrepetibles.
Sólo por esto -ser valiosos, únicos e irrepetibles- deberíamos ser respetados, respetar y ser considerados. La frase, faltar al respeto, debería estar de más, por no necesaria.
La convivencia feliz es un don que hay que mimar y fortalecer a diario.
No hay felicidad ni libertad sin una honesta y respetuosa convivencia.
Faltar al respeto ataca frontalmente a la convivencia feliz y libre.
Siempre llegamos a lo mismo: los padres somos los grandes responsables en la educación de nuestros hijos, y uno de los valores que tenemos que enseñar es el respeto, la consideración y la honesta participación.
Desde niño se aprende a respetar y a no faltar al respeto.
Los países sabios consideran y aprovechan a sus ancianos. Los mayores, los que somos viejos, tenemos la sabiduría de la vida. Somos sabios no por ciencia sino por experiencia, y tenemos la obligación de aportar nuestros conocimientos con nuestra honesta y humilde participación. Es lo que hoy, y siempre, debemos pretender y pretendo hacer.
La experiencia reclama luchar, en todos los frentes, contra la mala educación, contra la falta de respeto, pues son el origen de una gran mayoría de los males que tenemos.
¡Hay de aquel o de aquella que falta al respeto! Más le hubiera valido haber nacido en otra familia. Aunque hay excepciones: padres buenos e hijos que no aceptan la educación recibida.
No hay razones que justifiquen la conducta del que ofende. El que ofende nunca tendrá razón.
La vida es corta, tiene un valor inconmensurable, está llena de posibilidades, casi ilimitadas, de hacer el bien. ¿Por qué hacer el mal faltando al respeto?
¡Por favor, ayúdennos a rezar y aclararle el daño que causa el que falta al respeto!
Nuestro agradecimiento a todo el que colabore al bien de los demás, por ejemplo, enseñando al que no respeta. Tendrá una compensación y gracias, tan grandes, que solo caben en el alma.
Faltar al respeto es atacar de frente la felicidad y la libertad.
No se haga nunca merecedor de reproche por faltar al respeto.

lunes, 9 de octubre de 2017

“LO QUE HE PENSADO Y SIGO CREYENDO”. CON EL RUEGO ME CORRIJAN.



“LO QUE HE PENSADO Y SIGO CREYENDO”. CON EL RUEGO ME CORRIJAN.


No soy objetivo, soy subjetivo, por ello ruego benignidad en el juicio que hagan de este escrito, que solo pretende ayudar.

No creo que tenga la solución, porque no la conozco. Quisiera que ayudase a buscar lo que debemos hacer por el bien de todos.

No quisiera compartir un país, una nación, con quien no quiere a ese país, a esa nación.

No querer a su nación lo entiendo y acepto cuando así opinan dos tercios de esa población. Y si han sido y siguen siendo maltratados, vejados, ofendidos, avasallados y en especial esclavizados. De ahí para abajo, con menos de los dos tercios, entiendo que quieren seguir siendo ciudadanos de esa nación porque no han sido esclavizados sino queridos como ciudadanos de ese país.

Ser separatista es una idea que se arrastra desde generaciones. Sean catalanes o de cualquier otra comunidad o nación. No surgen por generación espontánea.

Quien ha abusado y abusa de su autoridad para defender lo que cree, si sólo lo apoya una minoría, y no los dos tercios, creo que es merecedor de un grave castigo. Por daño causado.

Nadie tiene el menor derecho a molestar y maltratar a una mayoría al abusar de su autoridad.

Condeno taxativamente a quien abusa de su autoridad en favor de su particular voluntad o de la minoría descalificada por el porcentaje.

Condeno el daño que se haya causado sin necesidad, que considero ha sido abuso de la autoridad. Venga de donde venga.

Les pediría que se marchasen de esa patria para que sean y vivan lo que son: secesionistas, independentistas y no continúen en la patria en la que no quieren vivir.

La mayoría es significativa. Dos tercios son definitivos.

Así lo creo, y así lo digo. Sabiendo que soy subjetivo, por ello ruego, insistentemente, me aclaren y corrija todo lo que crean que sirva para conseguir el bien que todos necesitamos y queremos.

El bien que todos, separatistas o no, queremos alcanzar para vivir lo que es nuestra felicidad y libertad.